El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes
El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

viernes, 17 de junio de 2011

Teresa de Jesús

Nació en 1515 en Ávila y murió en 1582 en Alba de Tormes. Perteneciente a la orden de los carmelitas, estuvo entre 1535 y 1562 en el Monasterio de la Encarnación, extramuros de Ávila, como priora. Decidida a reformar la orden, fundó el primer convento en 1562. Contraria a la ortodoxia dominante, insistía en la igualdad y pobreza absolutas, teniendo como medio de vida únicamente la caridad. Autora de numerosas obras donde relata sus experiencias místicas (Castillo interior, Libro de la vida....). Considerada doctora de la iglesia. En el capítulo 29 del libro de su vida describe la visión de un ángel que le clava dardos de oro en el corazón dejándola abrasada en amor grande de Dios.
Sus representaciones más frecuentes son: escribiendo o en estado e contemplación; y la transverberación o el éxtasis. También puede aparecer en compañía del otro carmelita y  místico español San Juan de la Cruz.
Sus atributos son: la pluma y la paloma, haciendo referencia a lo alto de su inspiración.


Su confesor, Francisco de Ribera, trazó así el retrato de Teresa:


Era de muy buena estatura, y en su mocedad hermosa, y aun después de vieja parecía harto bien: el cuerpo abultado y muy blanco, el rostro redondo y lleno, de buen tamaño y proporción; la tez color blanca y encarnada, y cuando estaba en oración se le encendía y se ponía hermosísima, todo él limpio y apacible; el cabello, negro y crespo, y frente ancha, igual y hermosa; las cejas de un color rubio que tiraba algo a negro, grandes y algo gruesas, no muy en arco, sino algo llanas; los ojos negros y redondos y un poco carnosos; no grandes, pero muy bien puestos, vivos y graciosos, que en riéndose se reían todos y mostraban alegría, y por otra parte muy graves, cuando ella quería mostrar en el rostro gravedad; la nariz pequeña y no muy levantada de en medio, tenía la punta redonda y un poco inclinada para abajo; las ventanas de ella arqueadas y pequeñas; la boca ni grande ni pequeña; el labio de arriba delgado y derecho; y el de abajo grueso y un poco caído, de muy buena gracia y color; los dientes muy buenos; la barba bien hecha; las orejas ni chicas ni grandes; la garganta ancha y no alta, sino antes metida un poco; las manos pequeñas y muy lindas. En la cara tenía tres lunares pequeños al lado izquierdo, que le daban mucha gracia, uno más abajo de la mitad de la nariz, otro entre la nariz y la boca, y el tercero debajo de la boca. Toda junta parecía muy bien y de muy buen aire en el andar, y era tan amable y apacible, que a todas las personas que la miraban comúnmente aplacía mucho.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.