El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes
El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

jueves, 8 de noviembre de 2012

Belerofonte

Era hijo de Poseidón y de Eurinome, hija del rey de Megara. Su nombre auténtico fue Iponoo, aunque fue más conocido como Belerofonte, famoso héroe, cuya deshonra le impregnó incluso su nombre.
Había un rey en Corinto llamado Belero que fue asesinado en circunstancias desconocidas, pero el crimen le fue imputado a Iponoo y de ahí su sobrenombre de Belerofonte, que significa "asesino de Belero". Muy  pronto se vería arrastrado por el deshonor y decidió emigrar y establecerse en el reino de Tirinto.
Los problemas, lejos de apartarse de su camino, siguieron complicando su vida. Establecido en Tirinto y gobernando Preto, casado con  Antea, ésta intentó seducir al héroe.  Belerofonte respetaba la figura del rey y no correspondió su amor. Ella para vengarse le acusó ante su marido de las tretas que ella misma había creado para conquistarle. El engañado marido, también decidió emprendder la venganza y envió a Belerofonte a cumplir una misión a Asia Menor, en concreto al palacio de Yóbates, el padre de Antea. Belerofonte con la decisión que le caracterizaba, no tuvo problema alguno en prestar su colaboración y Preto le entregó una carta, que no era otra cosa que su sentencia de muerte, ya que informaba a Yóbates que ese hombre había querido deshonrar a su hija.
El rey le recibió con la hospitalidad característica de los pueblos asiáticos y le agasajó con todo tipo de presentes durante nueve días y nueve noches, hasta que finalmente, decidió leer la misiva que le enviaba su yerno. Estupefacto con el contenido, no tuvo el valor necesario para vengarse, así que decidió acabar con su vida entregándole a la imposible tarea de matar a la Quimera, un terrible monstruo, que les hacía la vida imposible, con cabeza de león, los lomos de un dragón, la barriga de una cabra recubierta de escamas y con su aliento quemaba a quien se le acercaba.

Ante tanta injusticia, los dioses del Olimpo se volcaron en prestarle su ayuda. La diosa Afrodita le facilitó las riendas de Pegaso dotado con un freno de oro. Con su caballo, algunas armas blancas y su infinito valor se enfrentó a la terrible bestia, que tras asestarle varias cuchilladas le metió un trozo de plomo por la boca y al licuarse con el calor, el líquido le abrasó las entrañas. Le cortó la cabeza y la cola y se las entregó al rey como trofeo. Yóbates ante el odio y la admiración siguió poniéndole trampas: un enfrentamiento con los violentos sólimos, una batalla con las amazonas y una lucha sin cuartel con los seres más forzudos de su reino. Pero, todos los obstáculos fueron superados por Belerofonte consiguiendo el respeto de Yóbates, que pensó que todas estas victorias no se podían conseguir si los dioses no estuviesen de su parte. El rey en reconocimiento le entregó a su hija Filónoe y le nombró rey de Licia.

Belerofonte que tantos éxitos había cosechado, recuperado su honor guerrero y personal pecó de soberbia, ya que sirviéndose de Pegaso decidió visitar el Olimpo. Zeus le castigó mandando un tábano que picó al caballo, éste se desbocó y Belerofonte fue estrellado contra una zarza, quedándose ciego y practicamente paralizado. El caballo desbocado sigue volando hacia el cielo convirtiéndose en una constelación. Quedando así alejado de los dioses y de los humanos. Antea arrepentida por su falsa acusación y muerta de remordimiento, decidió quitarse  la vida.

A raíz de la carta que Preto envió a Yóbates pidiendo que matara a Belerofonte, las cartas que esconden un contratiempo para aquel que las lleva se llaman cartas de Belerofonte.

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